jueves, 19 de mayo de 2011

In Treatment (Sesión 8)

Esta vez hablamos sobre muchas cosas diferentes con un hilo conductor muy endeble. Comienzo tratando hacer entender a A que mi problema no es un problema de represión. En algunas de las sesiones interiores, ora marcado por Franciscos diversos, ora marcado por máscaras o canales de televisión, creo que A tiene la teoría de que hay una parte de mi que está reprimida, que otras partes de mi la reprimen, así el Francisco que se la pasa encerrado en su casa llorando y viendo películas depresivas, o bien el Francisco Indefinido que en la sesión anterior terminó confesando que es Pinocho… No, A, no es que haya partes que sean reprimidas, o partes que sean más verdaderas y ocultas que otras, más bien se trata de facetas diferentes que se presentan en momentos diferentes. A no comprendía por qué le tenía yo que hacer tal señalamiento, pues según él, ese es el principio de su método, el asumir que hay muchas y diversas formas de manifestación del ser (obviamente no usó esas palabras exactas).

Después de ello comenzamos a hablar de otras cosas que diré más adelante, pero sobre esta primera parte de la sesión estuve reflexionando el por qué de la necesidad de justificarse ante el terapeuta. No sé si se trata de que uno se convierte en el abogado de sus propios diablos o si bien sencillamente el terapeuta insinúa ciertas ideas para que el paciente llegue a una conclusión contraria a la expuesta, o bien se cuestione la utilidad que tiene tal confrontación. Lo cierto es que sucede. ¿Qué pasa con las convicciones morales del terapeuta cuando está en terapia?

Narré un hecho que me perturbó durante la semana, el caso de un fotógrafo que me contactó para hacer una coordinación de moda para una portada de un disco. Esta sesión tuvo muchas vicisitudes, la cancelaron el día de las fotos, me quedé con la producción de moda y tuve que producir otra sesión de fotos para utilizar la ropa porque ya me había comprometido, prometieron pagar por la molestia, no lo hicieron, propusieron hacer nuevamente la sesión bajo unas condiciones en verdad ridículas y caprichosas. Tras mi negación a seguir en ese proyecto me llama el fotógrafo diciéndome que no soy profesional, que no puedo poner condiciones para trabajar (en realidad sólo pedí que se me informara el monto de la bonificación y que se me pagara por adelantado, previendo otra imprevista cancelación), que no me pagaría nada hasta que él estuviera completamente satisfecho con mi trabajo. Y que no me diría de cuánto iba a ser la bonificación porque dependía de qué tan satisfechos quedaran con el resultado… En realidad él quería que hiciera nuevamente el trabajo por el mismo precio, poniendo condiciones caprichosas y haciendo del trabajo que ya había realizado antes una propina…

Le dije que prefería renunciar a lo ya trabajado que trabajar bajo esas insultantes condiciones. No es que me sobre el dinero y el trabajo, la cuestión es que creo que la dignidad sí es algo más cara…

La cuestión con esta anécdota no es tanto el hecho ni del dinero ni de la injusticia cometida en mi contra, lo que en realidad me puede es que es una persona menos en la agenda. De esta manera se han ido algunas cuantas personas, dado que mi medio de conocer gente es mi trabajo, hay cosas del trabajo que han hecho que cierta gente que me importaba desapareciera. No me gusta que la gente desaparezca de mi mapa, menos siendo yo una persona tan determinante y cuadrada que cuando alguien sale, es como si se borrara del planeta.

Entonces A comienza a cuestionarme sobre las relaciones actuales que mantengo, de dónde surgió la relación. Le dije que tengo muy pocos amigos en verdad. Le hablé un poco de I, de P, de S, de Y. Le conté un poco sobre las situaciones que nos han llevado a mantener nuestra relación desde la universidad o desde un poco antes. Lo que encuentro en común en estas relaciones es que hay afecto, en mayor o menor medida (como si esas cosas fueran cuantificables) y que es un afecto incondicional y desinteresado, cosa que con las personas que se han allegado después de la universidad ha sido difícil de encontrar. Además, asumámoslo, tanto mis amigos más cercanos como yo somos lo que se puede calificar comúnmente como “freaks”, para no entrar en detalles particulares… Ninguno de nosotros tiene tampoco grandes habilidades sociales y también todos tenemos problemas serios para relacionarnos con las personas en el plano amoroso: “Dios los hace y ellos se juntan”.

Me siento bien de contar con estas personas en mi vida, pero siento que hay algo que me falla para poder desarrollar más relaciones de este nivel o intensidad o para llegar a otros niveles, como el amoroso.

Entonces comencé a contarle sobre mi último pretendiente, que junta muchos de los requisitos que creo que ahora necesito, es un hombre grande, paternal, inteligente, solvente, de pelo (o cana) en pecho, dedicado a su profesión, pero mi pretendiente tiene el mismo problema que tienen todas las personas que he conocido con ese perfil, no tiene tiempo para dedicarse y dedicarme. Vaya, no pido mucho tiempo, sólo el suficiente para poder decir que estamos juntos de palabra y después que cada quien siga haciendo sus cosas y vernos de vez en cuando (obviamente con una tarjeta de crédito o cuenta de banco mancomunada para sellar el compromiso Jajajaja).

Cuando pienso en comenzar una relación con alguien me pasan por la cabeza muchas cosas, y creo que me he esforzado mucho por llenarme de habilidades y virtudes que finalmente no sirven de nada para desarrollar una relación, porque finalmente (aunque ya no pienso en JR como una posibilidad sino que poco a poco se va borrando del mapa) la última vez que tuve la intención o el pensamiento de tener una pareja de una manera más seria nada de lo que yo hacía o era fue suficiente para sostenerla (él prefirió seguir siendo un viejo, pobre, feo y solo que ser un viejo, pobre y feo conmigo…)

En fin. Por otra parte, no sé si la terapia me esté funcionando en los términos en que se supone que la terapia obra, pero creo que ahora ya tengo más claros cuáles son los pasos a dar para salir de esta situación engorrosa, deprimente e indefinida. No es que haya tomado una decisión sobre qué es lo que voy a hacer en la vida, pero ya sé cuáles son las condiciones necesarias para llegar a una decisión y estoy tomando acciones concretas…

domingo, 15 de mayo de 2011

In Treatment (Sesión 7)




Comienzo a contar mi semana, nada interesante salvo el concierto de Lady Gaga… Me gusta la placidez de la evasión, cuando no pienso en las cuestiones importantes, cuando mi situación no está en tela de juicio…

-¿Qué es lo que evades?- Pregunta A, el terapeuta.

- Evado la pregunta que planteamos la sesión anterior: “¿Qué es lo que vas a hacer de tu vida?”-

Tengo muchos argumentos encontrados, mi razonamiento se disocia entre la necesidad de una estructura clara, la cómoda indefinición, la negación absoluta de posibilidades y la evasión. Entonces A propone disociarlos explícitamente haciendo una especie de “juego de las sillas”: En este cojín se encuentra el Francisco Estructural, en este otro se encuentra el Francisco Indefinido, en éste el Francisco Negador y en este último el Francisco Evasivo. La única regla del juego es que no se puede decir el argumento de ninguno de los Franciscos si no se está en su lugar correspondiente y no se puede decir ningún argumento que no piense el Francisco en cuestión.

Comienza a hablar el Francisco Indefinido:

-Me gusta la indefinición porque me permite mantener las opciones abiertas, siento que tomar una determinación por una u otra de las actividades que desarrollo significa limitarme en mis capacidades-

-¿Cómo te sientes?- pregunta A (que se ha agazapado en un rincón de la sala, pues los Franciscos ocupan casi todo el espacio)

- Me siento muy cómodo, esta es una posición en la que no tengo que tomar una decisión, entonces no me preocupa sino el seguir llenándome de posibilidades…-

Entonces toma la palabra el Francisco Estructural:

- Es necesario tomar una determinación sobre qué es lo que hay que hacer, porque las cosas que he hecho hasta ahora no tienen una estructura congruente. Es necesario conseguir un trabajo que me permita crecer paulatinamente, y hacer que las cosas funcionen de manera congruente. Hay que invertir los recursos en una sola actividad pues no es posible hacer todo al mismo tiempo. Adquirir compromiso. Necesito el compromiso pero el Francisco Indefinido no me deja tomar esta desición.-

- ¿Cómo te sientes? – pregunta A.

- Me siento frustrado, desde aquí siento sólo necesidad de comprometerme con algo, pero en tanto necesidad soy algo incompleto e insatisfecho…-

A lo que el Francisco Negador responde:

- Yo veo todos los focos rojos que presentan Francisco Estructural y Francisco Indefinido, porque siento la responsabilidad sobre sus acciones. Yo estoy a cargo de advertirles a ambos cuándo hay que obrar. Soy el que refrena los impulsos del Francisco Indefinido cuando quiere adquirir nuevas habilidades y cuando se plantea retos, y soy quien refrena la necesidad de compromiso que tiene el Francisco Estructural, pues veo que él mismo en su pretendida estructura tiene unos andamios muy endebles, al mismo tiempo creo que la inmadurez del Francisco Indefinido le ha permitido crecer de muchas maneras, así que trato de aconsejarle qué cosas puede o no puede hacer, pero por una parte no se puede hacer todo al mismo tiempo y por la otra no puedo firmar un contrato si no he leído las cláusulas completas y en una decisión vital no es posible acceder a dichas cláusulas…

- ¿Cómo te sientes? Pregunta nuevamente A.

- Esta no es la posición más cómoda, pero es la que más me gusta porque es la que me brinda mayor control sobre los Franciscos Estructural e Indefinido. Desde aquí cargo con mayor responsabilidad, porque mi trabajo es poner de acuerdo a todos.

Finalmente toma la palabra el Francisco Evasivo:

- Yo no quiero tener problemas con nadie, por eso los ignoro. Mi mayor arma es la inactividad. Me gusta que el Francisco Negador refrene todos los impulsos que tienen los demás Franciscos, en cierta forma somos aliados para que la situación no se mueva ni para atrás ni para adelante. Yo me la paso muy bien. No hago mucho… veo películas, leo libros, veo televisión, soy capaz de envolverme en cualquier fantasía que se me presente. Finalmente espero que llegue un Deus Ex Machina a salvarnos a todos…-

- ¿Cómo te sientes? – Pregunta A.

- Me siento muy bien. Esta sí es la posición más cómoda de todas…-

Entonces los Franciscos ahí reunidos comenzaron a discutir mientras A preguntaba algunos detalles que quería saber de alguno de los Franciscos. Y en determinado punto habló el Francisco Indefinido:

- Yo soy quien tiene el impulso por aprender cosas, por dedicarme a hacer todo, por llenarme de actividades temporales y no comprometerme a largo plazo, aunque muchas veces soy refrenado en estos impulsos-

- ¿Cómo te sientes de que Francisco Negador y Francisco Evasivo sean aliados para que tú te detengas? - Pregunta A inquisitivamente.

- Pues me enoja –

- Me lo dices y no te creo – Replica A.

- Es que yo no sé qué hacer. La cuestión es que Negador, Evasivo y Estructural son como mis papás, como Pepe Grillo. Yo soy Pinocho, tengo una necesidad grande de hacer muchas cosas y confío en lo que ellos me dicen. Me puedo enojar porque no me dan un dulce antes de cenar, pero son cosas que puedo aceptar…-

En ese momento ya estábamos fuera del tiempo de la sesión… Entonces decidimos parar allí el ejercicio. En ese momento no sentí si salí más confundido o más claro del consultorio, me daban vuelta en la cabeza todos los Franciscos. Durante mi camino hacia el metro tuve una revelación: Pinocho no es un niño, es un proyecto de niño, por eso es que no puede ser reprimido y está dispuesto a hacer lo que sea para poder conseguir ese objetivo. Aunque el ser niño no sea un proyecto medianamente deseable, siendo criaturas irracionales y dependientes. Me pareció un poco falsa la situación en que terminó la sesión, porque sentí que A deseaba que Francisco Indefinido reclamara emocionalmente a todos los Franciscos la represión que sufría, pero ese no es el problema de Francisco Indefinido. Su problema consiste en que está dispuesto a hacer lo que sea y que todo le viene bien. Entonces le mandé un mensaje de texto a A: “Pinocho no es siquiera un niño de verdad”.

domingo, 8 de mayo de 2011

In Treatment (Sesión 6)



Semana de crisis generalizada, como es usual, comienza por ser una simple crisis económica que poco a poco comienza a afectar todos los otros elementos de la vida. Siempre que hay una crisis de este tipo es cuando regresa esa pregunta fundamental ¿Qué es lo que estoy haciendo de mi vida? Esta pregunta es la reacción a la clásica depresión donde una voz dice "no vale la pena haber trabajado tanto" ¿Son todos estos esfuerzos inútiles? Siempre me he resistido a pensar en mi mismo como un artista sacrificado, que deja todo por realizar su arte y que no le importa no recibir una retribución a cambio. No. No es lo que pretendo, me interesa recibir una retribución y me frustra no hacerlo, incluso me cuestiona el hecho de no estar recibiendo una retribución justa.

En la sesión de terapia desarrollamos otra metáfora (tal vez ese sea mi verdadero talento). Todos los problemas que veo siempre al rededor, léase mi reciente separación (o abandono), mi dificultad para socializar, los problemas propios de la producción de la obra de teatro, el proyecto nuevo en el que estoy participando, la exposición en Guadalajara. Todos estos factores siempre son buenos distractores que me ayudan a evadir la pregunta principal: ¿Qué es lo que vas a hacer de tu vida? Es momento de decidir, pero no se ve un gran panorama a simple vista. Es como estar a la deriva y los proyectos y problemas mencionados son como barcos que pasan, de los que me aferro con una y otra mano y eso me brinda una sensación de estabilidad, me aferro a los proyectos y a sus responsabilidades para tener certezas, saber que hay cosas que puedo hacer y desarrollar, pero finalmente son barcos que sé que son pasajeros, una vez agotada mi labor ahí soltaré la cuerda y quedaré nuevamente a la deriva, una vez agotados los recursos que el barco dejará entraré me aterrará nuevamente la misma pregunta.

En el horizonte y si giras trescientos sesenta grados sólo hay agua alrededor. Sé que existen opciones, pero todas ellas lucen como jaulas. Hay que renunciar a mucho para obtener algo.

Cuando decidí no dedicarme más al mundo académico y renunciar a lo que implicaba mi carrera de Letras Clásicas, de determinada manera yo sabía que iba en un barco que finalmente iría hacia una laguna donde todo quedaría estancado de la misma manera. Letras Clásicas no es una carrera donde exista un perfil claro sobre qué es lo que se espera de ti como un profesional; es decir, de un médico esperas que sin importar la circunstancia encuentre la manera de salvarte la vida, esa es su finalidad y su misión y para ello se hace de las herramientas necesarias, pero como clasicista no tienes una finalidad, además de que nunca obtienes un resultado concreto ni ningún producto, puedes escribir un tratado sobre asuntos que ya muchas personas han tratado y probablemente mejor que tú, aunque puedas desarrollar nuevas teorías nunca serán lo suficientemente concretas como para decir que una teoría es un producto... Lo que finalmente me sedujo de la edición de revistas, la fotografía y la producción es que al final del día tienes un producto terminado: una revista, una foto, un producto... Y ese producto pudo haber sido mejor o peor, pero está terminado, está ahí afuera. Puede ser criticado, puede ser amado u odiado, pero está ahí. Es un resultado concreto.

En busca de satisfacer esa necesidad de productos concretos es que decidí saltar del barco de las Letras Clásicas y nadar a la deriva, y han pasado ya varios barcos de los que me aferro por proyectos a la espera de un barco que me acerque a una bahía segura, o a la espera de poder fabricar mi propio barco y poder dirigirlo hacia algún lugar. La cuestión es que en este momento no sé qué tipo de barco espero, no sé qué tipo de barco es el que debería construir porque no sé hacia dónde me gustaría dirigirlo...

¿Qué es lo que me impide desarrollar una estrategia al respecto? ¿Cuáles son las opciones? El hecho de que vea como un gran peligro el adquirir un compromiso importante con alguna de las actividades que realizo, porque el comprometerme al 100% con una significaría renunciar a las otras o dejarlas en segundo término. También hay una cuestión de Justicia. Creo que ya he sembrado mucho en muchas tierras y que por justicia debo seguir sembrando en ellas para poder recoger sus frutos eventualmente… No puedo abandonar mis cosechas…

Platicando con S me dice muy sensatamente que todo lo veo en blanco y en negro, que debería relajar mis reglas para poder encontrar el aristotélico punto medio… Pero ¿cómo se hace eso? Es decir, el punto medio suena como una gran idea, la cuestión es poder renunciar a un sistema complejo de creencias en el que las cosas funcionan de una manera bastante determinada… (Sí, soy muy obstinado y tengo fe en mi sistema de creencias) ¿Cómo se hace para cambiar eso? ¿Cómo hacer para que ese blanco y negro se fundan en un lindo gris? ¿Cómo son los grises lindos? ¿Cómo deslindar el concepto de “mediocre” de ese deseado “punto medio”? ¿Cómo conservar este sistema de creencias sin quedar a la deriva para siempre?

Evidentemente hay que vencer el miedo al compromiso... Es el mismo problema… ¿Cómo comprometerte con algo en lo que no tienes al menos un par de certezas?

miércoles, 27 de abril de 2011

In Treatment (Sesión 5)


Ya sé que es un cliché el hecho de decir que nos disociamos en varias personalidades de acuerdo con las actividades sociales y/o personales que tengamos. Cuando era adolescente tuve una etapa en la que desarrollé una teoría sobre las máscaras. En ese entonces pensaba que las personas teníamos una máscara que nos funcionaba para convivir en sociedad, que sólo en la intimidad nos mostrábamos como éramos realmente. Luego pensé que el hecho de plantearlo como una máscara da la idea de que es algo falso, que el Yo social, es decir, la máscara es algo que "no se es", si bien esto opera así en muchas personas que ocultan terribles secretos (reales o imaginarios), no es una manera adecuada de plantearlo para alguien que pretende no ocultar nada y ser auténtico. Más tarde pensé que en realidad las personas somos como cebollas, conoces la capa superior y poco a poco, con el trato y la confianza las otras capas se van develando hasta llegar al interior. Esta idea me satisfizo durante mucho tiempo, porque se basa en la fe de que detrás de toda persona que se conoce superficialmente existe la posibilidad de llegar al corazón. Ahora dudo de esta teoría vegetal. Porque aunque ciertamente nos develamos poco a poco, el paso de una capa a otra parece, al pronto un proceso muy simple y natural, y en mí no ha operado así. Es más bien como si fuera una especie de televisión (con señal abierta) que muestra sólo unos 3 o 4 canales, que no son graduales en absoluto, sencillamente captan y transmiten distintas señales. Incluso en cada canal tienes nombres diferentes:
En el canal 2 se transmite la telenovela de Francisco Iván, una triste historia de un chico solitario que no puede encontrar el amor y al que le pasan mil y una calamidades, es moralmente bueno, pero el mundo lo agrede y llora y llora en espera de una salvación milagrosa; en el 5 se transmite la serie de Fran, que hasta el momento parece una historia inspirada en The Devil Wears Prada, Fran es una especie de Miranda Prestley tercermundista antes de trabajar en la revista más importante del mundo, a Fran no le importan las personas, su objetivo fundamental es ser existoso en su trabajo, es un controlador compulsivo, sarcástico e intolerante que siempre consigue lo que se propone, aunque sea en detrimento de su casi inexistente vida personal, nunca queda claro si es un villano o simplemente un humano complejo e inexcrutable. En el canal 9 se transmite frecuentemente la película de Chisco, un maestro de español, intelectual, preocupado por sus alumnos, tolerante, generoso y muy estimado, cuya meta es sacar adelante a sus alumnos mediante la paciencia y mostrando lo mejor de sí... Es como la típica película donde los alumnos son un puñado de nerds o de rebeldes que no sirven para nada y no tienen confianza en sí mismos hasta que llega el maestro maravilla y les cambia la mentalidad hasta que ganan el concurso (sea de lo que sea el concurso), y tiene un final feliz y bastante emotivo. En el canal 12 (que sólo se transmite en Durango) se repite una y otra vez la miniserie de Paco que parece una mezcla entre "Lo que Callamos las Mujeres" y La montaña Mágica de Thomas Mann (dirigida por Lars Von Trier en su etapa pobera). Ya rara vez se sintoniza el 22, donde aparecen las reseñas y reflexiones de los clásicos y las altas referencias literarias en un programa de crítica y opinión sobre arte y cultura conducido por Francisco Solís...
Esa es la programación no es que ninguno de los canales sean falsos, todos son verdaderos, sencillamente el aparato (o la televisora), es decir el Yo, sintoniza el canal o pone la programación que le parece conveniente de acuerdo con la audiencia. Evidentemente la Televisora le dará preponderancia a los contenidos que cree que le funcionan mejor. Pero cuando el Yo es la televisora, muchas veces se equivoca, eso es cierto, pues no cuenta con los instrumentos necesarios para definir a su audiencia ni formas claras de medir el rating. Por ejemplo, a mí me parece mucho más interesante hablar de la serie del 5 que sobre la novela del 2 o la película del 9, aunque mi audiencia muchas veces se aburre de esa serie y preferiría ver la novela o la miniserie...
Esta me parece una metáfora más justa que la que hicimos en esta sesión de terapia, en la que se plantearon 3 Franciscos: 1) el Social, fuerte, determinado e invulnerable, 2) el frágil, delicado, inseguro y vulnerable, 3) un estado intermedio en el que Francisco 1 deja ver a Francisco 2...
Si bien Francisco 1 puede parecer una coraza que oculta al pobre y delicado Francisco 2 que tiene ganas de salir, de ser así, estaría regresando a aquella adolescente teroría de las máscaras. Lo cierto es que Francisco 1 posee una estructura y un manual que le permite funcionar socialmente de manera muy exitosa, y todos sus esfuerzos son en pos de todos los Franciscos involucrados. No es que Francisco 2 tenga que hacerle agujeros a Francisco 1 para poder asomarse de vez en cuando, el asunto con Francisco 1 es que no posee unas reglas precisas para poder obrar en relación con los demás; por lo tanto la cuestión está en las transisiones entre un Francisco y otro, y, regresando a la metáfora anterior: el cambio de un canal a otro.
El problema que aparece de inmediato es que, al parecer, tanto un develamiento de un Francisco a otro, como el cambio de canal no implican una transición gradual. Son cambios abruptos, tan abruptos que en el cambio el Francisco que está debajo, o el canal siguiente no está preparado para reaccionar, entonces se paraliza, hay un loop. Una vez iniciado el sistema en el modus Francisco 1 (o Canal 5), (Las metáforas con números y las frases parentéticas no hacen más sencillo este texto) es muy complicado realizar un cambio, pues el sistema ya está iniciado. Habría que reiniciar el sistema para poder hacer funcionar algún otro de sus sistemas operativos de manera correcta. ¿Qué se necesita para poder hacer estas transiciones de manera gradual? ¿Cómo hacer que el Francisco sistemático de pronto pueda brincar hacia un Francisco emocionalmente reactivo?
A mi terapeuta le parece que hay que sacar más al Francisco 2, presentarlo en sociedad o algo así... no me parece la mejor idea. Mientras el Francisco 1) posee una gramática muy extensa y complicada que le permite operar en el texto Francisco, aunque no lo comprenda del todo ni abarque sus sentidos en su totalidad. El real problema de Francisco 2 es que no posee un sistema ordenado de relglas, ni una gramática, ni un modus operandi. Entonces A, mi terapeuta, le parece apropiado comenzar a generar esa gramática con algunos de los elementos mencionados durante la sesión:
Condiciones Necesarias para que Francisco 2 opere: 1) Seguridad, 2) Intimidad, 3) Afecto, 4) control (o sentimiento de control)... Ok. No es la primer página de la gramática, son sólo las primeras líneas...
Ciertamente si Francisco 2 tuviera las reglas para echar a andar su sistema operativo, sería un paso, no se sabe aún si es un paso hacia adelante, o hacia la funcionalidad social, o hacia el establecimiento de relaciones afectivas profundas... No se sabe. Veremos a dónde conduce eso.
Siendo tan pretendidamente sistemático este texto me parecería inocuo el contar las anécdotas que nos llevaron a tales reflexiones, así que sencillamente las ennumeraré: 1) La enfermedad y muerte del padre de mi amiga K, 2) La junta de actores para explicar la salida del actor que despedí, 3) una cita para conocer a un prospecto que se convirtió en un infomercial de unas pastillas milagrosas que curan todo y evitan el envejecimiento, 4) La planeación de una expo de fotografía en Guadalajara (de ello hablaré después).
PD. ¿QUé es lo que hacer realmente la cabeza de una televisora?

lunes, 18 de abril de 2011

In Treatment (Sesión 4)

Debo reconocer las aportaciones a mi terapia de S gran amiga, brillante ser humano. No limitada por las condicionantes propias de su género (para no entrar en detalles). He hablado mucho con S desde que comencé a asistir a terapia, de hecho, mucho de lo hablado en las sesiones son por aportaciones suyas. Temas que ella pone en la mesa ante mis ojos y que dan perfectamente en el clavo. Creo que las sesiones finalmente son un resumen o una versión pequeña de mis pláticas con S, lo suficientemente pequeñas como para procesarlas. He de asumir que con S hablo de tantas cosas y son tan precisas que al terminar no se puede procesar tanto. De hecho esa es la practicidad que le encuentro a la brevedad de las sesiones de terapia, procesas las cosas "en abonos".
En esta sesión comenzamos a hablar de mi semana, bastante agitada. La salida de uno de los actores de la obra, no sé si porque yo lo corrí o porque él decidió irse. Lo cierto es que se ha ido porque no fue capaz de decirme a la cara que sí podía dar las funciones que dijo que no podría para darse importancia. Asunto concluido, se va, y ya estamos entrenando al reemplazo. Comencé a leer esta semana La separación de los amantes de Igor Caruso. Ya había leído ese libro hace mucho tiempo, lo comencé a releer porque se lo prestaría a una buena amiga que también está batallando en un proceso de separación. Leí sólo la parte de las etapas:
1) La catástrofe del Yo
2) La agresividad
3) La indiferencia
4) La Huida hacia adelante
5) Ideologización
Viéndolo en perspectiva, creo que pasé ya todas las etapas, pero no en orden ni después de la separación. Comencé con la Indiferencia, luego la Ideologización, luego la Huida hacia adelante, luego la Catástrofe del Yo, ahora estoy en la agresividad... Bueno, en términos generales. Muchas de las etapas las pasé antes de que se fuera JR. De hecho pasé junto a él la indiferencia y la huida hacia adelante. Y antes de que se fuera mi frase favorita era "el hecho de que se quede no implica que las cosas vayan a funcionar". Y bueno, todo en función de hacer menos trágica la situación.
Estuvimos explorando la agresividad, la ira, el coraje que me da toda la situación. Me fastidia el hecho de que las responsabilidades que se supone que compartíamos ya pasaron sólo a mi cuenta, no es un peso demasiado oneroso, pero es algo que dijimos que haríamos juntos. Odio el hecho de que nunca haya tenido los huevos de tomar las riendas de los asuntos que teníamos juntos, y que ahora yo tenga que estar parchando todos los huecos que dejó. Odio el hecho de que me mande "bendiciones" cuando le digo que lo quiero por MSN... Y en resumidas cuentas, como hablaba con P hace unos días: Odio el hecho de que no deseara lo que yo deseaba.
Creo que lo que más odio es el sentirme reflejado en su situación, no quiero que dentro de 15 años me suceda lo mismo. Ver que vine al DF dejando mi pueblo en pos de un mejor futuro y tener que regresar con la cola entre las patas porque la situación aquí resulta insoportable por la falta de opciones o porque no se pudo realizar lo que se quería, vivir esa frustración sería intolerable. Por eso es que siento culpa por odiar a JR y no me permito odiarlo abiertamente, porque el verme reflejado en su situación me hace compadecerlo.
En cierta forma soy responsable de la indiferencia de JR, pues mis capacidades de reacción ante muchas circunstancias es la misma: una especie de indiferencia condescendiente. Eso no debe ser muy inspirador a la hora de entablar relaciones conmigo.

¿Cómo hacer cuando durante toda tu vida, desde tu educación y los ejemplos de los que has mamado tienen una cara pública fuerte, sólida e invulnerable y una privada echa pedazos, frágil y voluble? ¿Cómo hacer para que en estas condiciones alguien empatice contigo y desarrollar una relación profunda? ¿Cómo hacerlo en dosis moderadas? ¿Es necesario que sea en dosis moderadas?
La cuestión es que desde niño mi apodo fue "Droopy" porque era completamente inexpresivo. Mis reacciones eran siempre las mismas, inexpresivas.
Los arrebatos emocionales como las peleas a gritos, los llantos que de pronto brotan no están dentro de mis parámetros de conducta normal. Porque mi cara social no los permite. Eso es bastante normal. Y vaya, es algo que me funciona bastante bien en mi vida laboral, aunque ciertamente mi vida no es tan dulce y glamourosa como se puede leer a simple vista en mi muro de Facebook.
Mi terapeuta me cuestiona si eso es funcional en terapia. Le expliqué todos los prejuicios con los que llegué a terapia, la cuestión de su edad y mi preocupación porque tal vez él tenga un manejo del lenguaje menos rico que el mío, y al ser el lenguaje la herramienta e instrumento principal para tratarme, pues primero necesitaba cerciorarme de que él comprendía en el nivel racional mi situación, mi contexto y el quid del asunto.
Necesito reglas (¿No se supone que la psicoterapia tiene como fin último la "normalización" y con ello la "regulación" de la conducta?"). Le hablé de esa necesidad, de que se me regule, soy una persona que funciona a base de reglas. Las reglas que me he impuesto me han funcionado muy bien en cuestiones laborales, en ese tipo de socialización. Pero no me funcionan en otros tipos de socialización porque mis normas de conducta son demasiado estrictas, incluso en mi relación conmigo mismo...
Me dijo varias cosas sobre la autorregulación, y que él ve que estoy luchando contra mis propias reglas... (aha... eso lo sé). Me llamó la atención sobre mi uso de la palabra "luchar" que yo digo luchar contra mis deberes autoimpuestos. Que el luchar no debería estar en la ecuación. Que cuando una persona se lucha contra algo dentro de sí mismo, al asumirlo comienza a cambiarlo... en lugar de luchar, asumir.
Recordé el poema de Whitman El Canto de mí mismo que dice (en la traducción de Borges): "¿Me contradigo? Pues bien: Me contradigo". Esa es una licencia que siempre me he dado ideológicamente.
Ahora, asumirlo no significa comprenderlo, porque evidentemente soy muy consciente de la situación. De hecho esa sobreracionalización del asunto es lo que me tiene como me tiene...

Me dijo que él respetaba mis tiempos, y que si en algún momento quería mostrarme como el Yo no-social, podía. Le dije que no era una cuestión de confianza, finalmente a él le he dicho cosas que nadie más sabe ni sabrá. La cosa es esa, que primero debo saber que es capaz de llenar el crucigrama que tengo armado en mi cabeza para después poder dar ese paso (del que sólo P y mi gato han sido testigos alguna vez).
El problema está en que ese método de socialización racionalizadora es efectiva en el ámbito laboral, pues me permite generar estrategias y mover las piezas, pero me es inoperante en cuestones personales, y mi regulación íntima me impide tener desfogues emocionales efectivos.
En fin... Hay que pensar en cómo conciliar estos mundos, sin que uno cause mella sobre el otro... ¿es eso irreal de mi parte?

lunes, 11 de abril de 2011

In Treatment (Sesión 3)


Comienzo a hablar de que en mi semana ocurrieron cosas extrañas, la visita de MA de Guadalajara. Fuimos a Zona Maco, y es en realidad un problema que tu ocupación no responda a un título. Te preguntan: "¿Tú eres artista?" Y tú dices: "hmmm... pues hago de todo". Siempre me ha dado pudor el decir que soy fotógrafo, sobre todo porque tengo muchos amigos que son fotógrafos, que han estudiado fotografía y se han dedicado a ello durante mucho tiempo profesionalmente. Me siento como un usurpador el decir que soy Fotógrafo o Maquillista o Vestuarista o Coordinador de Moda o Letrasclasicólogo... porque de ninguna de esas cosas tengo un título. Y bueno, esto para que alguien llegue y te presente con un simple: "él es diseñador, o algo así..."
Nuevamente mi problema de definición. Creo por lo que hago yo soy una especie de diseñador-productor-realizador de imágenes, llamémoslo DPRI (Pero eso suena como a partido político democrático, revolucionario e institucional).
Bueno, la cuestión de mi definición por un sencillo protocolo social deriva en que me es complicado establecer vínculos con las personas, porque no sé qué es lo que hay en mi tarjeta de presentación. No sólamente en el nivel del oficio, sino en todo lo demás. Mi definición es tan ambigua. Siempre he estado luchando por quitarme etiquetas, de la edad, de la orientación sexual, del estatus económico, de la escolaridad, de todo... toda mi vida me la he pasado evitando las etiquetas en pos de ser yo mismo. Ahora, las convenciones sociales me conminan a etiquetarme, ahora no sé cómo hacerlo sin romper con mis principios.
Entonces llegamos a la cuestión de la empatía: ¿Cómo sentir empatía por las personas? ¿No se supone que debería estar preocupado por el pueblo japonés y sus catástrofes? ¿No se supone que debería de condolerme del pobre limosnero de la calle? No. No lo hago. ¿Soy inhumano? ¿Debo sentirme culpable por ello?
La cuestión se centra en esta necesidad apremiante de establecer un vínculo. Cuando JR se fue lo primero que hice fue buscar desesperadamente en Internet a alguien con quien tener sexo, no sé si por venganza o desamparo. Necesitaba establecer un vínculo para el cual el sexo siempre es un buen placebo. Sobra decir que durante esos días mi búsqueda fue infructuosa. Estuve célibemente esperando a que alguien llegara y nadie lo hizo (supongo que también resultaba hasta cierto punto atemorizante la premura, o sencillamente la gente no tiene determinación). De cualquier forma ya está probada la decepción que implican los ligues interneteros...
¿Por qué es necesario el vínculo? Porque te sientes aislado, has pasado demasiado tiempo de tu vida tratando de cultivarte, de enriquecerte personal e intelectualmente; te has enfocado en conocerte, explorarte, generarte más habilidades y crear tu personaje. La cuestión es que todo eso ha resultado en un proceso bastante aislante, y aún así no sabes siquiera qué es lo que hay en tu tarjeta de presentación... Frustrante...
Entonces hice una analogía entre los gatos, los perros y los seres humanos. Los perros te odian o te aman y eso lo harán siempre incondicionalmente, te amarán si los golpeas, no los alimentas y los maltratas, y te odiarán incluso si les dices palabras bonitas y trates de acariciarlos. En ese sentido, el perro no importa, porque la relación ya está dada, y tampoco tiene por qué preocuparte tu relación con el perro, porque el perro está ahí y sus reacciones son bastante predecibles. Con los gatos estableces una relación que debes alimentar día a día, es temperamental y si no amas al gato, él no te amará, estableces un vínculo porque no puedes predecir sus actitudes, discutes, te enojas, aprende, aprendes, te conmueve, le conmueves, te busca, te evita, lo buscas, etc.
En mi mundo individual el noventaytantos por ciento de la población son Perros, y menos del 10% son como gatos o tienen espíritu de gato. (Aunque sé que esto es más un valor que yo designo que algo que exista realmente) No me puedo vincular con las personas si no siento cierto grado de identificación, muchos de mis parámetros al respecto son estéticos, en el sentido de que sí le doy importancia a factores digamos "formales", como raza, aspecto, talla, género, etc, etc...
¿Debería sentirme mal con ello? ¿Deberían importarme esas personas que no califican como gatos?
Lo cierto que mi capacidad de establecer vínculos está atrofiada. Tengo amigos hechos y derechos, con los cuales mi cabeza no estructura un plan de acción y con quienes puedo ser espontáneo. Pero cuando me enfrento a personas nuevas me es mucho más fácil pactar un contacto sexual que establecer una relación con miras a una amistad o a una relación de pareja o algo así...
Soy pésimo para ligar. Pues por una parte mis deseos de controlar la situación y la impaciencia por lo impredecible del asunto me hacen acelerar las cosas y llevarlas a un feliz término (sexo) o a un mal término (nada), o a un peor término (sexo). El sexo es el término, es como el objetivo que siento que se debe alcanzar pero al ser una meta, no conduce a nada más. No se genera un vínculo, es la meta, el final del camino.
¿Qué hacer para cambiar ese patrón? ¿Cómo decirle a mi cabeza que no estructure elaborados caminos para llegar al mismo fin pero con alguna consecuente relación? ¿Es necesario buscar a alguien? ¿No se supone que esas cosas "llegan" u "ocurren" en los lugares menos esperados? ¿Son muy peligrosos esos lugares como para ir a estas horas? ¿Hay un mundo fuera de internet como para ligar más fructíferamente? ¿Cómo se hace eso?
Antros, Yoga, Centros de Auto-ayuda o Crecimiento Personal, Cursos de Idiomas le parecen a mi terapeuta buenos lugares para conocer gente, dado mi común aislamiento. Odio los antros y los centros de auto-ayuda (por eso voy a terapia). Tengo buenos argumentos para descartar estas opciones. Tanto en los Antros como en los Centros de Crecimiento personal de corte gay hay un gran sentido de ser "correligionarios" con la causa gay (muerta desde los 90's). Además, me fastidia que salvo en las clases de idiomas, en los demás parece como un requisito el tener que renunciar a todo lo que se ha aprendido o a tus ideologías personales en pos de una supuestamente superior y más efectiva... Y el tener toda esta maraña de hilos de pensamientos, ideologías, prejuicios y vanidades me ha costado mucho trabajo, años de lectura y mucho cultivo y aislamiento como para querer renunciar a ellos en pos de una cool clase de Yoga... Habrá que buscar otras opciones... Lo cierto es que estoy cansado de estar sentado esperando a que me saquen a bailar...





miércoles, 6 de abril de 2011

In Treatment (Sesión 2)


Puntualmente llego a la cita. Saludos, silencio incómodo, conversación tenso-casual sobre la sesión con mi Psíquico, ligera explicación sobre mi teoría de la empatía, entonces:
--Enséñame tu magia-- Le digo. Me da opciones de cosas que podemos hacer, tras mi indecisión de qué tema traer a la mesa, así que optamos por hacer un pequeño ejercicio: cerrar los ojos y sentir cada una de las partes de mi cuerpo, comenzando desde la cabeza, recorriendo cada uno de mis miembros en orden descendente (evitando las nalgas y los genitales, supongo que por no distraer la atención hacia otras cosas, (aunque su omisión también sirviera para distraer la atención con esta pequeña reflexión)), después debía enfocarme en mi respiración, mientras identificaba las tensiones que había encontrado en mi cuerpo.
Después me pide que identifique las tensiones, y abro los ojos (después me enteré de que no debía abrirlos en ese momento). Describí la tensión en mi espalda como una presión que va de un punto a otro. Comenzamos a hablar sobre la tensión y le dije que sin la tensión, la presión y el agobio que esa tensión me provoca me sería imposible salir de la cama. Eso es lo que me mantiene en movimiento, incluso llego a auto imponerme responsabilidades en función de mantenerme en movimiento. De otra manera el ocio me consume, me mata el sentirme improductivo.
Proseguimos hablando sobre ello y mi necesidad por comprender qué es lo que él hace, finalmente es la manera en la que obro: conozco lo que los demás hacen, lo aprendo y finalmente dejo de necesitar a las personas... por eso es que he adquirido tantas habilidades.
Entonces hablamos sobre mi necesidad de controlar todo en lo que me involucro, le cuento una breve discusión que mantuve en la semana con R. en la que me enfatiza el hecho de que toda la frustración que yo sentía trabajando con un director tan obstinado, él mismo la sentía para conmigo. Debo asumir que herí a R. en esa conversación, pues lo llamé ineficaz, impráctico y nada brillante para solucionar problemas. Me pegó el hecho de que me dijera que yo mismo era aquello que odiaba tanto del director de la obra, el hecho de vendernos la falsa idea de que podíamos intervenir creativamente para que finalmente termináramos haciendo lo que él había pensado desde el principio.
Debo decir que muchas veces hago eso deliberadamente, pero creí que era más hábil para seducir a las personas para que terminaran haciendo lo que yo quería...
Entonces le llamo la atención al terapeuta de que las palabras que más se habían repetido durante todo lo que iba de la conversación eran: 1) productividad, 2) eficacia, 3) practicidad.
Me pregunta cómo me imagino un ambiente en el que no existan esas tres condiciones, y le digo que sencillamente no me lo imagino.
--¿Este lugar te parece práctico?-- Pregunta
--Sí, definitivamente, es un lugar con una atmósfera tranquila, donde se pueden tener este tipo de conversaciones. Tienes unos pañuelos dispuestos en caso de lágrimas, hay un espejo, un cuarzo (que aún no descubro para qué sirve, pero ya me lo dirás o lo descubriré en algún momento).
--¿Y cómo te sientes tú en este lugar?--
-- Me siento bien, es decir, finalmente sé que todo aquí está dispuesto de tal manera en que yo sea el centro de atención. Incluso tú eres una piedra donde las cosas que yo digo rebotan para que finalmente regresen a mí.
Miro su cara de sorpresa al escuchar mis últimas palabras, y me dice:
-- ¿En qué sentido soy una piedra? --
-- Lo que quiero decir es que finalmente sé que tu profesión de impide involucrarte, tú eres útil, incluso cuando las cosas que te digo transpasan tu experiencia personal, deben ser filtradas por tu conocimiento y tu profesión, para finalmente regresar la atención hacia mí, y tú debes permanecer al margen de lo que sucede conmigo, finalmente soy yo quien estructura el discurso y tú eres quien lo guía.--
-- Siento la necesidad de decirte que cuando dices estas cosas siento un distanciamiento de tu parte.--
-- Sí, así es.--
-- Siento que estás poniendo una barrera para que fluya la relación--
-- Es que no tengo la menor idea de qué relación es la que se supone que deberíamos tener --
Tras hacerme unas cuantas preguntas a las que yo contesté con mi respuesta más recurrente últimamente: "no sé", me reclamó el hecho de que estaba aventando la pelota y que yo se la rebotaba todo el tiempo.
-- ¿Qué me dices si te digo que yo sentí dolor por lo que me dijiste? --
-- Que ese es tu problema, tú me preguntaste y yo te contesté, eso es algo que me sucede muchas veces en todas partes, la mayor parte de las veces sin darme cuenta. La gente se acerca a mí porque la única carta que yo muestro es la honestidad, es como si agitara un pequeño espejo que llama la atención, pero se corre el riesgo de que un día te muestre ese espejo directamente y te veas. ¿Para qué escarbas si finalmente sabes que vas a encontrar algo que no te va a gustar?-- Le dije señalando mi pecho.
-- ¿Y cuál es la reacción que tú tienes cuando yo te digo que esto me dolió?-- Me pregunta nuevamente
-- ¿Qué es lo que quieres que haga? --
-- Te estoy diciendo, Francisco, estoy sintiendo un distanciamiento ¿Cuál es tu reacción a ello? Vuelves a cerrarte --
-- La cuestión es que ante una situación así sólo existen tres salidas: 1) Obsesionarse con la idea de "¿Qué es lo que dije que lastimó al otro?", 2) Culpabilizarme y por lo tanto disculparme de algo que no sé de qué se trata exactamente, y por lo tanto dar una disculpa vacía, 3) Dejar que el distanciamiento siga su curso y dejar que la persona se aleje. La cuestión está en que aquí, tú me puedes decir, me lastimó esto, y yo lo puedo entender, aunque no sepa cómo reaccionar, pero finalmente yo sé que eso no significa que ya no nos podemos ver la próxima semana. El problema está en que en el mundo real, la gente sólo se aleja.
-- Y tú no quieres que la gente se aleje --
-- Pues no --
-- Dilo ---- No quiero que la gente se aleje --
Entonces comenzamos a hablar de mi tendencia a intelectualizar las emosiones y no dejarlas fluir en tanto emociones, comienzo a hablar y puedo resultar "brutalmente honesto" (aunque suene a slogan de Dr. House), principalmente porque aborrezco a las personas que se la pasan compadeciéndose de sí mismas, diciendo que sufren y haciéndose las víctimas. No me imagino a mí mismo llegando a todas partes con un letrero que diga "soy frágil". De cierta manera en esta semana vi que el hecho de decir que estoy en terapia es una manera cool de hacerse la víctima, la gente te mira con preocupación, te preguntan si estás bien, y ya, obtienes esa clase de atención sin necesidad de embarrarle a la gente tus problemas en la cara... Finalmente sé que tengo desfogues para mis momentos de mayor crisis, como encerrarme con mi gato a ver películas tristes y llorar desconsoladamente incluso con comerciales de televisión medianamente emotivos... En algún punto me dijo que al explicarle mis mecanismos puede sentir que el distanciamiento se había librado y que se puede conseguir nuevamente la empatía.
Nos damos cuenta entonces de que ha terminado la hora y que incluso nos pasamos como por 4 minutos, y él me dice:
-- Siento como que falta algo --
-- Es que tienes que entender que yo soy Bob Esponja. Es decir, Bob Esponja es es feliz, cree en la bondad de las personas, ama su trabajo, pero vive en un mundo estructurado en reglas muy precisas, se levanta a determinada hora, sigue su rutina, llega al trabajo donde tiene su espátula, donde todo funciona de manera perfecta, mientras se cumpla la estructura que él tiene perfectamente clara en la cabeza todo es un estado de felicidad extrema. Pero cuando una pequeña regla se rompe o algo altera el orden de las cosas es cuando él entra en crisis, se parte a la mitad y se saca los ojos...--
No pude evitar cierta sensación desoladora al abandonar el consultorio y mi cabeza no ha dejado de dar vueltas sobre todo lo hablado. Esa debe ser su magia.