jueves, 7 de julio de 2011

In Treatment (Sesión 15)


La última sesión no fue reseñada debidamente, sólo coloqué la imagen, pues la sesión giró en torno a una reflexión sobre el cuerpo. ¿Cuál es la función del cuerpo dentro del discurso Francisco? Esa era mi pregunta. Y llegamos a la conclusión de que efectivamente explico demasiado las cosas, la explicación era algo que impedía que le diera el orden adecuado a las cosas que experimentaba. Toda la crisis que se había causado antes era por mi convicción ideológica de que las palabras anteceden a todo acontecimiento. Si mis manos pueden percibir la redondez de la tapa del vaso del starbucks que tengo en las manos no es porque lo que mis manos le comuniquen a mi cabeza que percibe ciertas características que nombramos como redondo, sino que es el concepto de redondo el que le dice a mis manos y a mis ojos cómo es que se debe representar en mi experiencia esa tapa de café, eso lo creo. Pero aún suponiendo que eso no fuera cierto sino que el proceso sea el inverso, es necesario que si los sentidos no se equivocan de algún modo nombren la experiencia de lo redondo para otorgarle sentido y quede ordenado dentro del contexto.

Digamos que es probable que existan experiencias que advienen al cuerpo y que el cuerpo no es sólo información de más dentro del sistema Francisco, tiene un papel más importante. En la sesión anterior llegamos a la conclusión de que no hay que renunciar a las creencias que tengo sobre el sistema que me hace funcional, sino que hay que añadirle un "plug-in" que se llama cuerpo que me provee de información que hay que procesar por algún mecanismo que no sea la explicación. Y durante esta sesión es que tratamos la manera de hacer funcional a ese aditamento.

Sí, tal como lo habíamos acordado, hice la labor superficial de "escuchar al cuerpo" ver cuáles eran sus necesidades, hacerme consciente de él, de qué partes me dolían, si debía o no cambiar de posición, etc, etc, etc.Ahora me preguntaba sobre la funcionalidad de dicha actividad.

Le expliqué a A lo contradictorio que resultaba para mi el procesar las cosas con alguna otra herramienta que no fuera la explicación, es un proceso casi automático, cuando tengo alguna emoción que me arrebata lo primero que aparece en mi cabeza es un gran "¿Por qué?" Y es ahí a partir del cual proviene la explicación, comienzo a tratar de darle un sentido, integrarlo a mi discurso. En algunas ocasiones, muy escasas (de hecho contadas con la palma de la mano en los últimos 20 años) la explicación misma es la que logra que el sentimiento fluya de una manera liberadora como el llanto o la explosión emocional.

Entonces recordé la última ocasión en que había tenido un arrebato de este tipo cuya explicación para mí había resultado liberadora. Cuando estaba inmerso en la producción de la obra y yo estaba batallando mucho con la resolución de muchos problemas internos, fui a ver a mi amiga P, y comencé a decirle lo desesperante que era la situación que estaba viviendo en ese momento, cuando comencé a hablar no tenía claro qué era exactamente lo que me aquejaba, sin embargo explorando la emoción llegué a la palabra "frustración" y a partir de ahí se desató una terrible lamentación sobre mi situación, no sólo respecto a las circunstancias de la obra de teatro, sino respecto a mi vida y las decisiones que había tomado hasta ese momento. Me sentía literalmente frustrado y acabado, entonces llore desconsoladamente en el hombro de mi amiga. Después de eso me sentí mucho mejor, el haber explicado que el sentimiento que tenía se llamaba "frustración" hizo que el discurso adquiriera un sentido, tal vez devastador, pero era un sentido claro que provocó que el sentimiento fluyera en forma de un llanto liberador.

Sin embargo, le expliqué a A que este había sido un caso excepcional, que asumiendo la premisa de que el cuerpo tiene ese tipo de necesidades que se pueden somatizar como un estreñimiento emocional pues por lo general cuando comienzo a explorar una emoción advenediza, y no puedo dar con el "Por qué", me pierdo en la explicación o tal vez no doy con la palabra precisa que ayude a que exista el arrebato emocional cuya finalidad es una liberación, sí le doy un orden, es como ir al baño.

Entonces por alguna razón regresé a hablarle de mi sistema de reglas, bueno, es algo que está profundamente ligado a la palabra, pues para mí el mundo funciona en el sistema de reglas llamado lenguaje. La cuestión es que cuando no me es dada la estructura "gramatical" de alguna situación, relación o acontecimiento (su sistema de reglas), entonces comienzo a tratar de dilucidarlo, entonces me creo un sistema de reglas a su alrededor, un sistema que funcione de acuerdo con el que ya tengo clavado como un chip en la cabeza, y que las cosas salen de control cuando la realidad no encaja en ese sistema de reglas.

Entonces creo que mi problema no es una cuestión de represión de sentimientos, sino de atoramiento de conceptos, es decir, la mayoría de las veces no puedo identificar cuál es la palabra certera que le dará expresión a un sentimiento, sí, hay emociones inexpresadas, no hay represión.

Creo que A se dio cuenta de que estaba inmerso en un círculo sin salida, entonces fue que, en contra de lo que había estado haciendo hasta el momento y tal vez rompiendo alguna regla del método que ha estado llevando conmigo, decidió exponerme finalmente su método. Y eso realmente hizo que las cosas tuvieran sentido.

Entonces analizamos juntos y muy fríamente los bemoles de dicho sistema, cosa que me parecía cada vez más fascinante. ¡Eso es lo que le había estado pidiendo desde la primera sesión! Las reglas del juego. Entonces comencé a problematizar su método poniéndole algunas situaciones particulares. ¿Cómo es que se satisfacen las necesidades concretas de situaciones concretas? ¿Cómo identificar de qué son necesidad las cosas a las que apelan los sentimientos?

Me pareció muy interesante y lógico lo que propone, sin embargo, consciente de que yo publico las sesiones de terapia aquí, me pidió por una suerte de responsabilidad social no reprodujera exactamente el contenido de su método. Al parecer está rompiendo una regla conmigo, tal vez cediendo un poco a mi necesidad de control en pos de que yo me percate de que efectivamente nos estamos dirigiendo hacia algún lugar, y no puedo evitar el sentirme vanidosamente complacido por ello.


lunes, 4 de julio de 2011

jueves, 23 de junio de 2011

In Treatment (Sesión 13)



Εν αρχή ην ο Λόγος, και ο Λόγος ην προς τον Θεόν, και Θεός ην ο Λόγος es el resumen perfecto de la discusión en que terminó la sesión de terapia número 13. Comencé a divagar sin tener claro a qué punto quería llegar, lanzando anzuelos para ver si A los atrapaba y tuviéramos un punto de arranque; 1) El sueño de los muebles de la producción de la obra que me atacaban; 2) Ya querer darle la vuelta a la página a la situación de la obra y JR; 3) La película “Submarino” que me atrapó por la manera tan seca y cruda en que se desarrollan los personajes en ese melodrama Danés; 4) El drama masculino condicionado por los “got to be” del hombre.

En este momento A se desespera un poco y me dice --¿de qué quieres hablar? Has lanzado todos estos temas al aire y no has agarrado ninguno.—

--Estoy esperando que tomes alguno.—

A comienza nuevamente a hacerme notar mis reacciones corporales al momento en que hablo, cuando hablo de la presión que siento (reflejada en el sueño de los muebles) acerca de las cosas y el miedo a explotar de alguna mala manera (Reflejada en mi reflexión sobre la película) me señala que mi cuerpo se encorva. Entonces comenzamos a explorar posibles válvulas de escape.

Seguí hablando y hablando. Recordé que una de las grandes válvulas de escape que yo solía tener era el sexo intenso que tenía con JR, ahora me es difícil pensar en conformarme con sexo medianamente bueno y fingir que no he llegado a intensidades tales…

A cada paso que daba, A me interrumpía señalándome mi gestualidad, que si en este momento me brillaba el ojo, que si en aquél momento mi respiración se detenía, que si hablaba demasiado aceleradamente. Y a cada reacción que él me señalaba yo explicaba el origen del movimiento (tratando de seguir su juego). Entonces me detuvo. Me dijo que mis explicaciones no dejaban fluir la reacción física que estaba teniendo.

--Sólo te pido que identifiques, seas consciente, “caches” el momento en el que comienzas a explicar, y no lo hagas.--

Yo le dije que para mí era necesario hacer ese proceso ¿no es eso para lo que estamos aquí? ¿Para verbalizar una cosa que no tenemos bien identificada y mediante la palabra darle un orden e integrarla de una manera coherente dentro del discurso que se llama Francisco?

Me explicó que no le estaba dando oportunidad a mi cuerpo de vivir sus reacciones. Eso no me daba sentido en absoluto. Si justamente estoy verbalizándolas para darle un sentido a sus reacciones y a sus sensaciones… Las explico porque al explicarlas las comprendo.

--¿Cómo está tu cuerpo en este momento?—

-- Tengo una gran tensión en la espalda y me duele la cabeza.—

Seguí hablando y explicando, obviamente, mis sensaciones. Después de una pelea de términos me dice nuevamente que me haga consciente de cuándo me pongo a explicar.

- ¡Es que soy consciente de que estoy explicando, es lo único que hago aquí, explicar y explicar! ¿Cómo puedo hacerme más consciente de lo que estoy haciendo? ¿Qué se supone que haga con ello? ¿Sorprenderme en el acto de explicar implica que me debo reprender? ¿Me debo felicitar? ¿Me debo detener?

- Lo que te estoy pidiendo es una cuestión “Meta”. Hazte conciente de lo que estás haciendo con esa explicación.

- Creo que usamos la palabra “Meta” como si fuera una suerte de palabra mágica que nos libera de las restricciones que tiene la materia en cuestión. “Para hablar sobre el lenguaje vamos a utilizar el metalenguaje, entonces como estoy utilizando el metalenguaje puedo vivir la ficción de que no estoy sometido a las reglas del lenguaje porque lo estoy viendo desde afuera” FALSO. Nunca se sale uno del lenguaje incluso con la palabra mágica “Meta”. Así como tampoco puedo salirme de la conciencia utilizando una supuesta “metaconsciencia” para poder concientizarme de las cosas que soy consciente. Además, si de lo que se trata es de que me ponga en contacto con mis emociones y que no les ponga una explicación de por medio para que las sienta de una manera más pura, porque las estoy mediando por una explicación, no tendría ningún sentido llevar esto a un “metanivel” que me alejaría muchísimo más de la emoción en su estado “puro”.—

- ¿Cómo te sientes en este momento?—

- Pues mientras te estaba explicando toda la presión en los hombros y el dolor de espalda se fue menguando, es como si al explicar las cosas tuviera una especie de placebo que me da una tranquilidad muy grande.—

- Pero es un placebo.

- Tal vez lo sea, pero me da mucho placer.—

Entonces comenzamos a hablar otra vez sobre las sensaciones corporales y A seguía hablándome sobre la concientización de las emociones y los reflejos corporales. Me señaló que en algunos momentos durante la conversación se me habían llenado los ojos de lágrimas y que no había dejado fluir nada de eso. Me dijo que la explicación no ayudaba para el proceso.

Entonces es cuando todo se me vino abajo. Y comencé a decirle que el colocar a la explicación como una cosa negativa para el proceso era algo que yo no podía concebir. Discutimos sobre si era positiva o negativa. Todas sus implicaciones parecieron ante mí como negativas aunque A aseguraba que no.

Incluso concebir eso va en contra de mi sistema de creencias en un sentido casi religioso. Creo en la palabra, mi cuerpo es sólo una palabra que a la que yo le doy un sentido. Todo esto parte de la premisa de que las palabras devienen en mundo y no a la inversa. Al identificar algo en mí, lo primero que hago es nombrarlo para darle un sentido dentro de mi cuerpo y dentro de la existencia. (Sé que suena muy paranóico).

Entonces, de alguna manera, A me indujo a llegar a la conclusión de que mi cuerpo, preexistente a todo nombramiento, se revelaba a ese sistema en el que yo lo estaba encasillando, y que exigía por medio del dolor físico, el cansancio, el agobio y demás sensaciones una atención diferente. Y que era clarísimo, por los desfogues que había mencionado antes. Incluso la separación de Franciscos y el darle oportunidad a uno para que llore viendo películas no es suficiente para mi cuerpo.

Esa idea me resultó devastadora. Entré en una especie de estado de negación. Donde repetía constantemente y cada vez más enojado que eso no podía ser.

--Es como si le enseñaras a un Testigo de Jehová las pruebas más contundentes de que existió el Big bang y él te habla de creacionismo. Y te cita el génesis una y otra vez hasta que se enoja y se va.—

--¿Estás enojado?—

-- No estoy enojado contigo, estoy enojado por concebir estas ideas. Además tú ni siquiera lo planteas en los términos en los que yo llego a tales conclusiones.—

--¿Y eso también te enoja?—

-- No.—(Aunque era evidente que eso era lo que más me enojaba y evidentemente la sensación de que el sistema se tambaleaba de raíz).

¿Por qué demonios no funciona el sistema? Comencé a decirle que se ocasiona un “loop” en el sistema cuando las sensaciones son tan abrumadoras que no pueden ordenarse mediante la explicación y afectan al sistema y lo hacen cuestionarse a sí mismo. Todas las cosas de las que hemos hablado antes. El hecho de que yo funciono con reglas estructuradas, que entro en crisis cuando la realidad no se adapta a las reglas que se suponen que deberían dentro de mi sistema de reglas. YO CREO EN LA FUERZA ORDENADORA DE LAS PALABRAS. Todas esas cosas que hemos hablado antes tienen que funcionar. Si todo este tiempo me he sentido en una olla de presión a punto de explotar y con el miedo de explotar de una mala manera, el hecho de que la olla sea el sistema mismo es devastadora (En este punto debo admitir que se me quebró la voz un poco).

--¿Por qué te afecta tanto?—

--Porque si el problema es ese, entonces la mayoría de las cosas que he hecho en la vida no tienen el menor sentido.—

Me fui del consultorio pensando: En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y Dios era el Verbo…

jueves, 16 de junio de 2011

In Treatment (Sesión 12)

Por más que pensé durante la tarde de qué demonios iba a tratar esta sesión de terapia no se me ocurrió nada, y con esa confesión llegué al consultorio. Sólo por no dejar a medias el hilo de la historia comenzada hace varias sesiones, concluí la historia de JR con su respuesta al mail donde le mandé el link de esta blog, para que viera mi lado de la historia. Escuetamente me dijo: “Qué bueno que aunque sea de esta manera tan retorcida me pidas disculpas”. ¿Qué otra cosa podría esperar? Obviamente me hubiera gustado una respuesta más extensa, pero no se la pedí. Me queda un dejo de insatisfacción sobre toda la situación, pero al mismo tiempo me siento liberado de ella, aunque las circunstancias y el cierre de los asuntos pendientes renieguen un poco y se afanen por no cerrar el ciclo.

Me enteré de un detalle curioso el día que le mandé ese correo electrónico. En una conversación con una de las actrices de la obra mencionó que JR les había dicho a todos los actores que él y yo éramos novios. Entonces sentí una especie de ira mezclada con una gran decepción. Toda mi crisis había sido porque no se le había puesto el título necesario a nuestra relación, y el saber que él la había nombrado como noviazgo me descontroló. Si al menos me lo hubiera mencionado a mí yo hubiera adoptado otro rol durante la despedida. Podía haberlo apoyado y fingir fútiles esperanzas sobre futuros encuentros. En fin, lo terminado, terminado está, ese destino “ineludible” fue librado, lo cual implica también que renuncié a la resignación que me había llevado a plantear tal destino.

En este punto A aprovechó para dejar claro un punto, el hecho de que yo necesitaba formalizar, necesitaba nombrar la relación, no dejarla indefinida y que esa era una necesidad mía y que debí responsabilizarme por ella. Discutimos un poco sobre las causas por las que no había expresado esa necesidad y que habían hecho que las cosas terminaran mal, y todos quedáramos insatisfechos.

En ese momento recordé algo que me dijo P durante la semana: “Tu problema principal es que no pides”. Y es cierto, comencé a explorar esa acertada afirmación de mi amiga, mientras A pensaba que yo seguía hablando de la posibilidad de entablar una relación con alguien, yo estaba hablando de una cuestión más general (o tal vez más profunda), mi incapacidad para pedir cosas en pos de lucir o sentirme autosuficiente. Me costó un poco de trabajo sacar a A de la hipotética relación futura en la que establecería claramente los términos responsabilizándome de mi necesidad, pero finalmente lo logré. La situación vivida con JR es sólo una manifestación de este problema fundamental.

No me gusta lucir carente ante el otro, no me gusta porque para mí la carencia es una suerte de victimización, es decir: “si yo no tengo (x), es por la circunstancia (y), ergo: sufro”. Me es muy difícil no relacionar los términos “necesidad” con “victimización”. Evidentemente para mí un estado ideal es un estado de no-carencia. Sin embargo, sí, soy carente. Carezco de muchas cosas, pero me es imposible plantear mis necesidades si no ofrezco un trato de ganar-ganar (real, ficticio, hipotético o supuesto). Por otra parte, prefiero fingirme fuerte y todopoderoso y no depender de nadie que enfrentar el rechazo, finalmente por eso termino cargando con miles de responsabilidades, aunque a veces me sea muy difícil cumplir con todo.

Entonces A me dice que la satisfacción de necesidades entre unos y otros es gran parte de la naturaleza humana, es parte de nuestro instinto gregario. Todos necesitamos, y todos satisfacemos necesidades de otros.

Sí, puedo entenderlo, pero ¿cómo es que uno puede distinguir la delgada línea entre pedir la satisfacción de una necesidad y la victimización por la carencia? Entonces A me indica que mediante la asunción de las propias necesidades y la toma de responsabilidad sobre ellas.

¿Por qué insiste en este punto? Está bien ¿Qué necesito? Necesito dinero, en primer lugar, eso me permitiría satisfacer mis necesidades inmediatas: pagar la renta, ir al dentista, llevar a mi gato al veterinario, terminar los trámites del desalojo del teatro y pagar las deudas pendientes que ya asumí, producir la exposición de fotografía de Guadalajara, etc… El dinero me permitiría hacerme cargo por mí mismo de todas estas necesidades. El dinero me permitiría nuevamente no lucir carente ante los demás. ¿Es esto un círculo vicioso?

¿Cómo solucionar la cuestión económica? Evidentemente con un trabajo. Pero en realidad yo nunca he pedido trabajo, salvo cuando me piden un currículum, lo envío. Todos los trabajos han llegado a mí de alguna manera, además, no sé ni de qué querría pedir trabajo. He aquí la paradoja: puedo aceptar cualquier trabajo haciendo casi cualquier cosa, pero no puedo pedir ninguno porque no tengo claro en qué puedo pedirlo, a pesar de estar calificado para hacer muchas cosas.

Por tercera vez A insiste sobre la responsabilidad sobre las necesidades. Estoy dejando a otros este punto fundamental de mi vida, dependo de las personas que me buscan para contratarme, no me estoy responsabilizando de mi vida laboral. Ciertamente, en estas cuestiones siempre espero que me salven en una especie de Deus ex machina (lo curioso es que llega, tarde o temprano).

Al parecer, tomar responsabilidad sobre tus necesidades significa aprender a pedir, para lo cual es necesario correr el riesgo de recibir un “no” por respuesta y sufrir la frustración doble de ser rechazado y además, no ver satisfecha la necesidad en cuestión. ¿Qué es lo que yo hago? Anticipo ese “no”, y trato de satisfacer la necesidad por mí mismo para no tener que enfrentar tal frustración, aunque se vean limitadas las posibilidades de una completa satisfacción de la necesidad. Luego entonces: no pido aclarar el status de la pareja, no pido trabajo, no pido ayuda para terminar los proyectos, no delego responsabilidades, por lo tanto asumo todas las responsabilidades (segunda paradoja), etc. Y evidentemente esto también me conduce hacia la frustración… ¿Cómo sopesar el nivel de frustración? ¿Cuál de las dos frustraciones es peor?

Ok. Entiendo que tomo el 75% de la responsabilidad sobre mis necesidades, y el otro 25% que decido no tomar es esa parte de la necesidad que tiene cara de obligación. Ante toda obligación me evado. No busco trabajo porque huele a obligaciones: horarios, hacer cosas que no te gustan, jefes, y sobre todo, el hecho de que la voluntad propia sea disminuida o anulada por cierta conciencia de mayor jerarquía y que persigue fines distintos a los míos.

Hay que revisar los términos más importantes que se han tratado hasta ahora:

1) Necesidad. Estado en de carencia material o estructural.

2) Victimización. Estado de autocompasión extendida hacia el otro.

3) Responsabilidad. Estado de conciencia de deber ante una circunstancia dada.

4) Obligación. Estado de deber ante el otro.

5) Autosuficiencia. Estado de satisfacción de las propias necesidades.

Es digno de notar que las que me molestan más son 2 y 4, es decir, las que involucran al tal “otro”. En este sentido, aparece como más deseable la suficiencia que la autosuficiencia, la necesidad nunca será deseable, pero parece inevitable y hay que distinguir cuando las necesidades sean imperativos de supervivencia y cuando son reacciones ante circunstancias dadas; efectivamente parece que no podemos evitar al otro, no es que quiera prescindir de él, lo que sucede es que no sé cómo se debe reaccionar ante él ¿Cómo se pide?…

Un momento: ¿No es curioso que la semana pasada estuviera sufriendo (o victimizándome) por no haber sido suficiente para que alguien se comprometiera (responsabilizara u obligara) conmigo y que ahora el centro de la discusión sea mi vano intento por sentirme autosuficiente y no depender de nadie? ¿No hay ahí una extraña simetría?

martes, 7 de junio de 2011

In Treatment (Sesión 11)





Centramos la sesión nuevamente en JR y la conclusión de la historia de su reencuentro y re-despedida. Vino para el cierre de temporada de la obra de teatro. Y tuvimos un encuentro bastante peculiar.

Yo estaba a la expectativa de poder decirle muchas cosas que quería, en el plano personal, pero en realidad, como siempre nos reunimos bajo el pretexto de tratar primero lo laboral, y aunque yo había planeado ser bastante correcto con él, no pude. Tenía mi espada desenvainada desde que lo vi. Lo vi unas horas antes de la función de teatro y después de las cordialidades sociales la plática se centró en la obra y lo que se venía.

En cuanto lo vi, el miedo que tenía de ceder a los impulsos sexuales con él se fue por la borda, no sentí la más mínima atracción sexual y no lo sentí como un riesgo, lo vi y no pasó nada. Estuve muy agresivo con él, le dije que su trabajo no había funcionado, que todos estábamos insatisfechos con el resultado, que lo mejor de la temporada en el teatro era que se había terminado. Me preguntó que por qué no le mandaba información para vender funciones de la obra en su ciudad, a lo que le contesté que no sabía qué era lo que estaríamos vendiendo, porque si se continuaba con la misma propuesta de montaje yo no estaba dispuesto a continuar. Finalmente lo orillé a un acuerdo en el que él quedaba fuera de todas las cuestiones creativas conservando un crédito honorario dentro de la producción.

Después de haber sido bastante cruel con él, no encontré la razón para entrar en el plano personal, finalmente lo había herido tanto que estaba completamente destruido. Y me siento culpable por ello.

--¿Qué es lo que te culpabiliza?—Pregunta A

--El hecho de que yo tenía ya la intención de decirle muchas cosas en el plano personal y que no lo hice, que ya estaba consciente de que lo había herido antes de la misma manera y que lo volví a hacer como una especie de defensa extraña—

Quería A que me centrara en la culpa y comenzó a hacerme varias preguntas y terminé contándole la misma historia desde una nueva perspectiva.

Cuando JR me dijo que había decidido irse de la ciudad, él se convirtió para mí en el “Espíritu de las Navidades Futuras”, que yo veía como una gran amenaza, no podía dejar que me sucediera lo que le estaba sucediendo a él, porque es la peor situación que me puedo imaginar, que no le puedo desear ni a mi peor enemigo. El llegar a los cuarenta y tantos y no tener otra opción en la vida más que regresar nuevamente a mi ciudad natal con las manos vacías. Es por ello que yo fui una piedra todo el tiempo, nunca reaccioné, sino para lastimarlo. Todo el tiempo estuve agrediéndolo y haciéndole ver que no había dejado ninguna huella en nadie, que no había valido la pena su carrera en esta ciudad y que todos estaríamos mejor sin él. De una manera retorcida yo pensaba que al agredirlo alejaba esa situación de mi vida, todas las estocadas que le di estaban dirigidas a su situación, a ese maldito Espíritu de las Navidades Futuras, no para JR.

Eso es lo que me culpabiliza, el hecho de que al centrarme en mi preocupación por no caer en su situación, no le hice el trago menos amargo, muy al contrario, lo hice todo lo posible porque se sintiera mucho peor, siendo que él sí me apoyó en muchas situaciones en las que yo lo necesité.

--Pero yo creo que es una reacción lógica y hasta fisiológica que tú tuviste, tu cuerpo te impulsaba a rechazarlo, y estabas defendiéndote de esa situación.—

--Sí, pero mi defensa no tiene nada que ver con él, yo no fui cruel con la situación, fui cruel con él, además ya habíamos tratado la diferencia aquí en terapia, yo sabía la diferencia, no estaba obrando inconscientemente como la primera vez, esta vez actué con premeditación, alevosía y ventaja—

Durante algunos minutos estuvimos hablando sobre esa culpa y dándole vueltas. Como es usual en él, A, traba de no juzgarme y de decirme que yo me estaba juzgando bajo parámetros demasiado estrictos. Me dijo que no era que yo no demostrara mis sentimientos, era sólo que estaba demostrándolos de una manera inapropiada y defensiva.

Le dije que sí, puedo ver las razones que justifican el hecho de que yo haya actuado como actué, de una manera completamente agresiva, pero el hecho de tener una justificación no significa que haya actuado justamente.

Es como cuando hay un homicidio, el hecho de que metan al culpable a la cárcel no hace que el muerto reviva, así como tampoco, si una vez conocidas las causas del homicidio resulta que es un acto justificado, no significa que sea un acto justo. Entonces yo me pregunto: ¿qué es lo que debe pesar más? ¿Cuál es el parámetro desde el que estamos midiendo? ¿Crimen y castigo? ¿Debe pesar más mi justificación o el hecho de que he cometido una injusticia contra JR?

Es una cuestión de Justicia. Cuando se comete una injusticia en mi contra yo sufro mucho, aunque la persona que la cometa tenga su justificación, eso no me quita el sufrimiento. Sigue siendo una injusticia.

Continué contándole la historia que, como era de esperarse, no terminó de la mejor manera. Después de nuestra conversación él quedó completamente destruido, aunque trató de no aparentarlo, luego fuimos al teatro donde nos vimos muy poco y yo reiteré lo dicho en esa conversación casi con cada persona que me encontraba, decirle que no me gustó el trabajo, que todos estábamos insatisfechos y que él quedaba totalmente fuera del proyecto. En alguna de las ocasiones estoy casi seguro de JR escuchó cuando yo narraba nuevamente la conversación. Ese día nos despedimos y quedamos de hablar al día siguiente, no lo hicimos, y al día siguiente tampoco lo hicimos y él se fue sin despedirse.

--¿Por qué me cuentas esto?— Pregunta A.

--Porque quiero llegar al final de la historia, quiero convencerme de que esta historia ya terminó, pero sigo sintiendo culpa, no sé lidiar con la culpa, me gusta mucho más ser cínico, pero no puedo en este caso.—

Entonces A me hizo pensar en lo que pasaba por mi cabeza en el momento en el que JR me dijo que se iría.

Entonces recordé que cuando JR decidió irse, yo sentí que se había roto una expectativa que yo tenía. Pensaba que, dadas las circunstancias que vivimos en la última temporada que estuvimos juntos, era un destino ineludible el hecho de que termináramos juntos. Se rompió esa expectativa y eso me decepcionó terriblemente. Aunque yo lo sentía como un destino fatal que yo no quería para mí mismo, pero era el destino que yo ya había asumido.

Entonces lo odié terriblemente, odié el hecho de que no quisiera comprometerse conmigo, odié el hecho de que él ya se había comprometido con otras personas antes que yo. Odié que hubiera tenido una pareja con el que vivió hasta el día en que murió. Odié el hecho de que yo conociera a uno de sus ex, y odié el hecho de que su ex me cayera tan bien. ¿Cómo es posible que se haya comprometido con él y no conmigo? Si él es moreno y feo y es un actor con una educación muy básica y simpleza de ánimo, mientras que yo soy de la raza correcta, soy inteligente, culto, políglota, tengo una cantidad impresionante de habilidades, soy creativo, hago todo lo que me propongo, entre muchas otras virtudes. Lo que me parte el alma es el hecho de que a pesar de todo eso Yo no haya sido suficiente para que JR se quisiera comprometer conmigo.

También por eso es que lo quería herir.

--¿Entonces crees que te tengas que seguir culpabilizando?—Me pregunta A.

--Si yo tengo ahora un arrebato emocional que me lleva a golpearte—Dije – Mi justificación no te quitará el golpe, pero si te pido disculpas se puede resarcir la relación entre los dos, aunque quede un poco fracturada y el golpe no se te quite. No es que yo quiera arreglar la situación en pos de encontrarme nuevamente con él, pero necesito limpiar mi conciencia, al menos me gustaría que él supiera mi lado de la historia. He pensado en enseñarle el blog. Porque en el blog es posible que yo no muestre la verdad absoluta, pero es el lugar donde soy absolutamente honesto en cuanto a mi retorcida manera de ver el mundo, para que él vea este lado de la moneda, en el blog soy completamente honesto, cosa que con él nunca he sido. Y no es que espere una retroalimentación de su parte, ni que me diga qué piensa, es una cuestión de limpiar mi conciencia. No sé si se sienta mejor al leerlo, tal vez se sienta peor, porque lo menciono frecuentemente y no en los mejores términos. Pero al darle el link del blog ya será cosa suya si él lo quiere leer y para mí es como una manera impersonal de decir: “lo siento”.—

--Entonces dale el link… ¿Cómo te sientes ahora?—

--Siento como si necesitara tu permiso para darle el link del blog a JR.—

--¿Qué es lo que aprendiste de esta relación?—

--Pues en primer lugar que para tener una relación es necesario que se establezca que es una relación. Con JR me sucedió que, como dice el dicho: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”. No había asumido que tenía una relación hasta el día en que se fue. Hay que establecer claramente cuáles son los términos de la relación. En segundo lugar aprendí que se tienen que decir las cosas en el momento, no se puede esperar a que llegue el momento indicado, nunca llega (también me quedaron claras muchas cosas que no quiero). Y en tercer lugar, mi conclusión no me gusta nada, pero al parecer no soy suficiente…--

En ese momento tuve una revelación: JR nunca había sido suficiente para mí, sin embargo yo sí estaba dispuesto a comprometerme con él.

A me hizo caer nuevamente en esa misma reflexión con un ligero retruécano. Entonces llegué a la conclusión de que sigo sin tener un manual para las relaciones, necesito saber cómo funciona, no sé cómo es que se supone que debería ser. Si no es una cuestión ni de sexo ni de suficiencia ¿De qué se trata?

Y henos aquí… nuevamente llegando a mi falta de habilidad para establecer contacto con las personas, y yo, aunque me repita que no es una cuestión de ser o no ser suficiente, sigo sin la plena convicción de ello; y aunque sepa que el método para relacionarse no es el sexo como el fin último que se debe alcanzarse, heme aquí, sin imaginación para inventar otra gama de aproximaciones…

martes, 31 de mayo de 2011

In Treatment (Sesión 10)


Llegué corriendo y con 10 minutos de retraso, porque tuve un compromiso antes para el cual ya había llegado tarde. Al sentarme en el usual sillón amarillo estaba aún muy acelerado, le pedí a A por primera vez un vaso con agua (el tener algo entre las manos durante las sesiones siempre me ha dado algo de qué aferrarme y un lugar a dónde llevar la mirada cuando no quiero verlo a los ojos, usualmente es un vaso de Starbucks o una botella de agua que compro antes de entrar al consultorio, pero esta vez no hubo tiempo de tal protocolo), me lavé las manos mientras me traía el agua. Cuando al fin pudimos estar sentados los dos yo seguía acelerado y hablando muy rápidamente le conté todas las cosas que tenía que hacer y las que estaba haciendo. El cierre de temporada de la obra de teatro, la nueva producción que estaba haciendo, el proceso del vestuario el diseño del maquillaje, la oportunidad de remontar la primera obra desde cero, ahora con un mayor nivel de control.

A me llamó la atención sobre el hecho de que hablaba muy aceleradamente y que estaba sólo hablando de trabajo. Quería escudriñar qué es lo que se ocultaba tras esa plática tan rápida e impersonal. Así que me incitó a seguir hablando al respecto. ¿Qué pasa con esa parte mía que está tan abocada al trabajo?

Le dije que es la parte que más me gustaba de mí, sí, efectivamente es una parte que me acelera y me vivifica, es la parte más segura, donde las personas confían en mis capacidades y conocimientos, donde soy más sociable, donde no hay lugar para inseguridades y asuntos emocionales.

--¿Hay algo que te preocupe en este momento?—

-- Sí, mañana es el cierre de temporada de la obra de teatro y JR vendrá a ver la obra y estará en la ciudad por unos días—

-- ¿Qué es lo que te preocupa al respecto?—

--Pues el hecho de que no sé qué actitud tengo que tener ante él, no sé si terminemos teniendo sexo (cosa que no me vendría nada mal) pero temo nuevamente empezar mi proceso de auto-convencimiento de que “ya lo superé”—

Me hizo ver A que todo mi discurso sobre el trabajo y el estar en ese territorio seguro era una especie de blindaje que me ponía para prepararme para la situación que se adviene mañana, a lo que le dije que sí, y que era más consciente de lo que podía parecer. Aunque aún no sabía bien de qué me estoy defendiendo exactamente.

Por una parte sí temo casi fatalmente el hecho de volver a acostarme con JR y que eso derive en una confusión en mi cabeza que me haga volver a plantearme imposibles, por otra parte no quiero perderme la oportunidad de tener sexo con él porque en realidad es muy bueno en los menesteres amatorios. Y por otra parte están las cosas del trabajo que hemos dejado pendientes y que debemos solucionar. Para mí es más fácil pensar que está borrado completamente del mapa, el problema es cuando aparece... Me molesta que aparezca y que pretenda tener alguna clase de control sobre todo lo que yo ya he asumido la responsabilidad para mí solo.

Comenzamos a indagar un poco más sobre la cuestión de JR, cuáles son las cosas que realmente quiero tratar con él y cuáles las que creo que quedan pendientes. Y ahora me queda más clara la división personal y profesional que hay al respecto. Aunque siempre pretendimos que la había habido creo que ninguno de los dos la había respetado a pié juntillas.

Durante el tiempo que estuvimos juntos trabajando, la línea divisoria entre el trabajo y la relación era cada vez más endeble y esto sucedió porque pensábamos ambos tratamos de no plantear un límite negando que la relación existía efectivamente y fingiendo que todo lo que nos unía era el trabajo. Después hicimos unos trazos mal hechos para dividir las cosas cuando ya no era posible. A mí me afectaba demasiado a nivel personal su testarudez en el trabajo, y él planteaba en términos personales las cosas que no le parecían en el trabajo. Incluso existieron ocasiones en que el trabajo nos servía a uno u otro como chantaje para obtener sexo del otro (o para no tenerlo). Cuando alguno de los dos deliberadamente hería al otro para ver si reaccionaba, evidentemente la reacción nunca llegaba porque fingíamos que no existía una relación personal y evadíamos el asunto hablando de trabajo y demostrando con ello que no nos importaba.

--¿Qué es lo que le quieres decir?—

-- Creo que me parece mejor dejar la situación completa rota como está, porque lo que le quiero decir es un absurdo: “Me gustaría que quisieras comprometerte conmigo para poder rechazarte”.—

--A mí no me parece absurdo—Dice A—Finalmente es una forma buena de mandarlo a la chingada.—

-- Pero no quiero mandarlo a la chingada, sencillamente quiero que desaparezca.—

Finalmente me di cuenta de que si no podía decir esa frase absurda era porque me lo impedía la culpa. Nunca he sabido lidiar con la culpa, me es mucho más fácil ser cínico, la culpa en sí misma me parece absurda. ¿Qué es lo que me da culpa? El hecho de que en ningún momento hice la situación más fácil para él. Que todos los planteamientos que él me hizo sobre su ida de la ciudad siempre los tomé con la mayor indiferencia posible, nunca le hice saber que me dolía su partida, que había sido alguien importante. Más bien al contrario, siempre hice parecer que si se iba no importaba, que no había dejado ninguna huella positiva en ninguna de las personas que habían estado a su alrededor, que era mejor que se largara, todos íbamos a estar mejor sin él. Me culpabiliza el hecho de no hacerlo sentir mejor, ni querido, ni extrañado, ni que su ausencia iba a dejar alguna mella en mí y en los demás. Otra cosa que me pesa, que no es culpa, es el hecho de saber que su situación no ha mejorado en lo más mínimo por haberse ido, siendo que esa era la finalidad de su partida.

--¿Entonces qué es lo que le quieres decir si inevitablemente lo verás?—

--Pues por el plano profesional que, aunque no estoy satisfecho en absoluto con el resultado que obtuvimos ni con todas las cosas de las que ya me he quejado ampliamente, le reconozco su trabajo, la obra fue una idea suya, él consiguió el teatro, convocó al equipo de trabajo, hizo que las cosas operaran como él creyó que funcionarían. Es decir, yo sé lo que es estar tan comprometido con un proyecto que, sin importar lo que te digan, vas a hacer lo que a ti te parece correcto. Finalmente toda su testarudez era porque él creía que estaba bien lo que hacía aunque no fuera cierto o no funcionara, eso es signo de compromiso y es el trabajo que le reconozco. Pero finalmente eso no resultó y hay que hacer todo de nuevo--.

Ahora lo que quiero hacer con ese proyecto es quitarme la espinita para demostrarme que si las cosas están bajo mi control pueden funcionar de una mejor manera y que las personas pueden estar más satisfechas con su trabajo al estar conmigo.

--¿Y en el plano personal?—

--No lo sé. No creo que valga mucho la pena el tratar de arreglar las cosas que se quedaron a medias o que me faltaron por decir. Finalmente esas cosas se hacen cuando se quiere enmendar una relación y lo que yo quiero es darla por terminada. Creo que las opciones ya están puestas sobre la mesa, puedo hablarle sobre mis culpas o sobre mis miedos o sobre mis rencores. Puedo manejar una actitud neutral que me permita tener sexo con él por última vez. Puedo también dejar las cosas al aire volviendo a negar su existencia hasta que vuelva a aparecer si es que algún día lo hace, o bien terminar de una vez por todas mandándolo a la chingada. Las opciones están ahí, pero será la actitud con la que él se presente y las peripecias que dé esta historia en el transcurso de esta semana.--

domingo, 29 de mayo de 2011

In Treatment (Sesión 9)



En todo este tiempo no me había parecido prudente preguntarle a A si había leído este blog, yo le había dado la dirección para que de alguna manera sirviese como una forma de economizar el tiempo de terapia, que él mismo viera cómo es que proceso las cosas después de cada sesión. Ahora él fue quien quiso hablar al respecto e inmediatamente sentí una ansiedad terrible, tenía ganas de escudriñar cada una de las reacciones o reflexiones que le despertara cada palabra leída. La causa de que él quisiera poner el tema en la mesa fueron las dudas que planteé sobre el funcionamiento de la terapia y los límites morales del terapeuta en mi post anterior. Entonces comenzó a explicarme un poco más sobre lo que hacemos en terapia. Me explicó que el método que empleaba consistía en centrar toda la atención en mí, el paciente, y que todo lo que ahí ocurriese era en función de darme las herramientas para poder procesar de mejor manera las cosas que yo ponía sobre la mesa, sí se trata de conducir, orientar y desenmarañar sentimientos y emociones, subrayando estos dos elementos y sobre todo crear un vínculo, trabajar una relación.

Entonces yo me sentí un poco intimidado y la cabeza se me llenó de preguntas: ¿Se sintió incómodo con el blog? ¿Expuesto? ¿Agredido? ¿Cree que lo estoy juzgando muy severamente? ¿Qué hay de las imágenes? ¿Tiene alguna especie de juicio de valor al respecto? ¿Cómo se siente?

Comencé a explicarle un poco cómo habían transcurrido las sesiones anteriores desde mi perspectiva: Sí, tengo la capacidad de racionalizar lo que me pasa, puedo armar una linda metáfora sobre mi situación y encontrarle interesantes aristas, al principio quería que me diagnosticara, que me dijera sus hipótesis, y una y otra vez estaba poniéndolo a prueba. En algunas ocasiones decidí sencillamente tratar de ignorar que él estaba ahí en pos de poder armarme un discurso congruente sobre lo que me ocurría, en otras ocasiones no sabía si mientras yo hablaba él estaba pensando en su lista del súper o algo así, ahora que me confronta con el blog era algo diferente.

--¿Qué Sientes? – Pregunta—

-- Ansiedad, tengo demasiadas preguntas—

Le aclaré que al sacar este tema era como si automáticamente se hiciera un formulario en mi cabeza y que todos los puntos debían ser aclarados. En realidad me sentía ansioso porque no sabía cómo es que él había interpretado la mayor parte de las cosas que he escrito aquí hasta ahora.

--¿Por qué sigues ansioso?—

--No lo sé, al haber leído tú algo mío siento que debo justificarme, no porque no quisiera que lo leyeras, de hecho en gran parte lo escribo para que lo leas, pero estás confrontándome con algo que yo hice y me preocupa el hecho de qué es lo que está pasando en tu cabeza. —

Poco a poco contestó mis preguntas lo mejor que pudo. Pero mi ansiedad se acrecentaba al no obtener un juicio de valor sobre lo escrito, sobre el blog mismo: ¿Está bien o está mal? Finalmente lo orillé a decir que estaba bien, que es una herramienta de procesamiento útil. Hasta entonces me pude tranquilizar un poco. Sin embargo la ansiedad continuaba.

Me sugirió que me recargara y me centrara sobre esa ansiedad, que me estacionara, yo me recliné y cerré los ojos, después me hizo ver que en ningún momento separé mis piernas y brazos cruzados y seguía yo en la misma actitud. Me cerraba y la ansiedad continuaba.

El único impulso que yo sentía era el de seguir adelante, cambiar de tema, hablar sobre el libro que estoy leyendo (Galaor de Hugo Hiriart, donde me identifiqué con el personaje de Ana, la esposa del Señor de las Pieles que cambia su fisionomía de acuerdo con su estado anímico-espiritual). Pero no me lo permitió. Me dijo que me concentrara en la ansiedad, me invitó a relajarme nuevamente, descruzar brazos y piernas y centrarme en sentir la ansiedad que se representaba como una tensión en la espalda (como todo lo que se manifiesta en mí). Hice lo que dijo pero estaba ya un poco incómodo por la situación, yo quería seguir adelante, pero insistió en continuar con ello. Tras haber cumplido lo que me dijo me puse en disposición de continuar, pero volvió a insistir en que inmediatamente cruzaba las piernas y los brazos…

--¿Qué es lo que haces al cruzar nuevamente las piernas y los brazos?—

--Es como decir: “Ok, dejémonos de mamadas y ahora sí vamos a platicar de algo serio”—

-- Es lo que veo. Ahora sí me aventuraré a decirte que esto es algo que sueles hacer, sigues sintiendo lo que sientes, sin embargo decides ignorar tus emociones, cerrarte y pasar a lo siguiente, no concluyes tus asuntos emocionales.—

Esto hizo resonancia inmediatamente en mi temor al compromiso, y sí, efectivamente eso es lo que hago, cuando veo que tengo una serie de emociones encontradas, cosas que no puedo verbalizar de manera adecuada prefiero dar vuelta a la página y abocarme en las cosas que sí puedo racionalizar.

Me invitó nuevamente a enfocarme en lo que sucedía ahí. En concentrarme en el hecho de que habíamos tratado el tema del blog, me reiteró que no se sentía incómodo con lo que yo escribía y que estaba bien que lo hiciera. En realidad lo que me confrontaba era el hecho de que en realidad había tenido el interés de leerlo, era como si lo hubiera escrito con la intención de que no lo leyera.

--¿Qué sientes?—

-- Siento que te decepciono, que estás tratando de encontrar alguna especie de reacción emocional en mí de la que yo no soy capaz en estos momentos, y que la has esperado en cada una de las sesiones. Me frustra no poder llenar esas expectativas tuyas.—

-- No, Francisco.—

--Claro que sí, muchas veces cuando te estoy hablando sobre algo veo que tus ojos se humedecen más que los míos y me frustra el hecho de no poder corresponderte ese gesto.—

--Tiene que quedarte claro que sí, las cosas que me dices me atraviesan, y también siento cosas cuando tú las dices, pero eso no significa que no respete tus tiempos, estamos en medio de un proceso donde tú tienes las riendas y sólo tú decides cuándo o cómo es que procedemos, por ejemplo, me parece un gran avance que el día de hoy nos hayamos detenido en una sola cosa, que no hayamos dado vuelta a la página y que nos quedáramos un poco atendiendo algo que tienes atorado. --

--Pues me siento mucho menos ansioso, ahora que me confrontas con esto y me dices que leíste el blog y que aventuras unas cuantas hipótesis sobre mí, siento que he dejado de monologar y ahora esto se convierte en un diálogo --

La sesión terminó con una conclusión similar. Aunque comprendo que el desarrollo del vínculo que se establece con el terapeuta es fundamental para el buen encaminamiento de la terapia sigo sin comprender bien cuáles son los términos de tal relación ni cuáles son sus límites. Supongo que debe haberlos para evitar transferencias eróticas, conflictos de intereses y límites éticos. Nuevamente necesito un reglamento, aunque ya se va dibujando tácita o explícitamente.

De cierta forma siento que las sesiones anteriores han servido para establecer el marco teórico dentro del que se va a desarrollar mi “tratamiento”. Aquí es donde comienza la terapia.